Este fin de semana estuvo bastante tranquilo. Había cinco inquilinas, cuatro de ellas eran una familia (abuela, tía, madre y nene de un año) y el otro era un chico de Mendoza que me recordaba a Chayanne. El muchacho llegó sobre la hora al desayuno, y me dijo que había soñado que estaba desayunando, pero que su estómago le había avisado que era sólo un sueño y que tenía hambre.
Las muchachas, de Jujuy, merodearon por el Hostel hasta que la llovizna (que había empezado a la madrugada) dejó de ser una amenaza. La madre calentó la mamadera para el bebé, y al final terminé almorzando viendo Bob el constructor. Lo bueno es que el nene no lloró ni se puso caprichoso; entre tres fue más sencillo cuidarlo. A las tres y media vino un auto a buscarlas, y se fueron de paseo por la Ciudad del Río.
Y me olvidé el paraguas en el Hostel.
domingo, 27 de septiembre de 2009
domingo, 20 de septiembre de 2009
Familia uruguaya
Apenas me enteré que teníamos el Hostel casi lleno, empecé a pensar en cómo iba a hacer con todo el trabajo que se me venía encima. Empecé por lo básico: controlé la caja y el inventario, tendí la mesa y empecé a preparar el desayuno.
Dos o tres familias completas (hijas, padres y abuelas) vinieron desde Uruguay para hacer un tour por la ciudad y las cercanías. Por algún extraño motivo, no teníamos Internet, por lo que se echaron en el sofá y los sillones a ver televisión hasta que se hiciera hora de salir de nuevo. Las muchachas habían intentado salir de noche, pero sus padres le habían dicho al encargado que no les daban permiso, por lo que se vieron frustradas y con mala cara apenas amanecieron, deambulando de un lado al otro buscando un baño libre (de los cuatro que tenemos)
Por suerte, se despertaron por tandas, por lo que pudimos acomodar a los treinta inquilinos en la mesa del desayuno por turnos. Mientras tanto, yo iba de aqíapra allá tendiendo camas y atendiendo pedidos de la mesa, preguntando si querían té, café o amte cocido o si necesitaban algo más. Por suerte, se quedaban un par de díasmás, por lo que no tuve que cambiar treinta camas, sólo tenderlas.
Como es costumbre, a las dos de la tarde no se veía un alma en el Hostel, ya que por lo general los inquilinos salen a comer y, después se iban a una excursión. Como ya había hecho todo lo que tenía que hacer, me puse a leer el libro que siempre llevo al trabajo, con las tarjetas de colectivo adentro (para que las resguarde, y me sirve para no aburrirme durante la espera y el viaje)
Atendí un par de llamados, que preguntaban por lugares apra el próximo fin de semana alrgo. Y estábamos lenos, por lo que tuvieron que buscarse otro lugar. AL menos, cuanod llegó mi reemplazo, el Hostel estaba limpio y ordenado.
Poco más pasó este día.
Dos o tres familias completas (hijas, padres y abuelas) vinieron desde Uruguay para hacer un tour por la ciudad y las cercanías. Por algún extraño motivo, no teníamos Internet, por lo que se echaron en el sofá y los sillones a ver televisión hasta que se hiciera hora de salir de nuevo. Las muchachas habían intentado salir de noche, pero sus padres le habían dicho al encargado que no les daban permiso, por lo que se vieron frustradas y con mala cara apenas amanecieron, deambulando de un lado al otro buscando un baño libre (de los cuatro que tenemos)
Por suerte, se despertaron por tandas, por lo que pudimos acomodar a los treinta inquilinos en la mesa del desayuno por turnos. Mientras tanto, yo iba de aqíapra allá tendiendo camas y atendiendo pedidos de la mesa, preguntando si querían té, café o amte cocido o si necesitaban algo más. Por suerte, se quedaban un par de díasmás, por lo que no tuve que cambiar treinta camas, sólo tenderlas.
Como es costumbre, a las dos de la tarde no se veía un alma en el Hostel, ya que por lo general los inquilinos salen a comer y, después se iban a una excursión. Como ya había hecho todo lo que tenía que hacer, me puse a leer el libro que siempre llevo al trabajo, con las tarjetas de colectivo adentro (para que las resguarde, y me sirve para no aburrirme durante la espera y el viaje)
Atendí un par de llamados, que preguntaban por lugares apra el próximo fin de semana alrgo. Y estábamos lenos, por lo que tuvieron que buscarse otro lugar. AL menos, cuanod llegó mi reemplazo, el Hostel estaba limpio y ordenado.
Poco más pasó este día.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Frikis sobre ruedas
Cuando hay un fin de semana largo, una fecha importante o un evento importante, el Hostel del Río se llena hasta desbordar. Y hoy fue uno de esos días, con dos eventos importantes en el mismo día. Y reconocí de inmediato qué personas iba a qué eventos.
La media docena de motos también ayudó; en una localidad cercana se llevó a cabo un motoencuentro, uno de los más grandes de toda Latinoamérica, y fue sencillo identificar quiénes iban: si no le veías los borceguíes, parecían hombres en sus cuarenta y cincuenta de lo más normales, pero al ver esas botas con suela de tractor se notaba bien cuál era su pasión. Las pulseritas de colores fluorescentes que indicaban quién era conductor y quién acompañante también ayudaron.
Por otro lado, en la misma Ciudad del Río se llevaba a cabo, el mismo día, un evento de Anime y cultura japonesa. Al ver a las tres chicas vestidas con ropa original (una de ellas gótica pura) del tipo que sólo un friki puede hacer -y usar- por lo creativa, junto con el muchacho con el buzo de Star Wars, supe que iban al evento.
Fue uno de los días más tranquilos que tuve, ya que luego de tomar el desayuno todos se fueron a sus respectivos eventos. Tres motos más llegaron al unísono para acompañar a los motoqueros, y el resto del día me la pasé revisando que todo estuviera en orden.
En el medio, el gato del Hostel cayó en desgracia. Desde la semana pasada casi no toca la comida que le dejo, por lo que decidí que alguien debía estar alimentándolo, junto con el gato nuevo, uno gris atigrado, que se nota que tiene dueño. Y parece que mal no se llevan, por lo que decidí dejarlos en paz hasta que mostrasen que necesitaban mi ayuda de nuevo.
La media docena de motos también ayudó; en una localidad cercana se llevó a cabo un motoencuentro, uno de los más grandes de toda Latinoamérica, y fue sencillo identificar quiénes iban: si no le veías los borceguíes, parecían hombres en sus cuarenta y cincuenta de lo más normales, pero al ver esas botas con suela de tractor se notaba bien cuál era su pasión. Las pulseritas de colores fluorescentes que indicaban quién era conductor y quién acompañante también ayudaron.
Por otro lado, en la misma Ciudad del Río se llevaba a cabo, el mismo día, un evento de Anime y cultura japonesa. Al ver a las tres chicas vestidas con ropa original (una de ellas gótica pura) del tipo que sólo un friki puede hacer -y usar- por lo creativa, junto con el muchacho con el buzo de Star Wars, supe que iban al evento.
Fue uno de los días más tranquilos que tuve, ya que luego de tomar el desayuno todos se fueron a sus respectivos eventos. Tres motos más llegaron al unísono para acompañar a los motoqueros, y el resto del día me la pasé revisando que todo estuviera en orden.
En el medio, el gato del Hostel cayó en desgracia. Desde la semana pasada casi no toca la comida que le dejo, por lo que decidí que alguien debía estar alimentándolo, junto con el gato nuevo, uno gris atigrado, que se nota que tiene dueño. Y parece que mal no se llevan, por lo que decidí dejarlos en paz hasta que mostrasen que necesitaban mi ayuda de nuevo.
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martes, 8 de septiembre de 2009
Sirenitos
Apenas Silvia me dijo que en el Hostel del Río había un equipo porteño de chicos, le pregunté "¿Son del tipo insoportables?". Bastante había tenido que aguantar a esos energúmenos (de varios lugares) pero por suerte, no sólo eran bien educados, sino que venían un par de padres y la entrenadora.
Eran cinco o seis, de diez a quince años, y se portaron bien durante todo mi turno. Por supuesto, acapararon la Pc y la televisión (pantalla plana de un metro, y más de medio de lado) pero se mantuvieron tranquilos durante toda su estadía. Hasta reconocí la música de los videojuegos que jugaban (y eso que no lo jugaba desde casi una década)
Todos los dormis estaban ocupados, por lo que teníamos a casi veinte personas en todo el Hostel. El desayuno fue escalonado; se despertaron casi todos antes de las diez (cuando dejamos de servirlo) y cuando se levantaba una persona, venía a sentarse otra antes de que pasasen dos minutos. El día se me fue entre un constante ir y venir del equipo, ya que no todos competían en el mismo horario y algunos iban de mañana y otros de tarde.
Se notaba a qué se dedicaban los chicos; encontré varios trajes de baño masculinos en los respaldos de las camas y muchas toallas, cuando fui a tenderlas. Y uno de ellos tenía una almohada anti estrés, de esas que son tan suaves y agradables que no quieres dejar de tocarla. En contra de mi política, no pude resistir la tentación y me pasé bastante tiempo sin hacer otra cosa que abrazar la almohada. Sé que es horrible tocar cosas que no son tuyas (en especial cuando depositan su confianza en vos para que las cuides y arregles), y lo más que he hecho fue mover las pertenencias de los inquilinos cuando tengo que tender las camas, pero esta vez fue más fuerte que yo.
A la noche viene un grupo de mendocinos a festejar un aniversario. Son quince, y algunos van a ir a las camas de los sirenitos. Por lo que entendí, sond el tipo fiestero. Me reemplazó Mariana.
Pobre Mariana...
Eran cinco o seis, de diez a quince años, y se portaron bien durante todo mi turno. Por supuesto, acapararon la Pc y la televisión (pantalla plana de un metro, y más de medio de lado) pero se mantuvieron tranquilos durante toda su estadía. Hasta reconocí la música de los videojuegos que jugaban (y eso que no lo jugaba desde casi una década)
Todos los dormis estaban ocupados, por lo que teníamos a casi veinte personas en todo el Hostel. El desayuno fue escalonado; se despertaron casi todos antes de las diez (cuando dejamos de servirlo) y cuando se levantaba una persona, venía a sentarse otra antes de que pasasen dos minutos. El día se me fue entre un constante ir y venir del equipo, ya que no todos competían en el mismo horario y algunos iban de mañana y otros de tarde.
Se notaba a qué se dedicaban los chicos; encontré varios trajes de baño masculinos en los respaldos de las camas y muchas toallas, cuando fui a tenderlas. Y uno de ellos tenía una almohada anti estrés, de esas que son tan suaves y agradables que no quieres dejar de tocarla. En contra de mi política, no pude resistir la tentación y me pasé bastante tiempo sin hacer otra cosa que abrazar la almohada. Sé que es horrible tocar cosas que no son tuyas (en especial cuando depositan su confianza en vos para que las cuides y arregles), y lo más que he hecho fue mover las pertenencias de los inquilinos cuando tengo que tender las camas, pero esta vez fue más fuerte que yo.
A la noche viene un grupo de mendocinos a festejar un aniversario. Son quince, y algunos van a ir a las camas de los sirenitos. Por lo que entendí, sond el tipo fiestero. Me reemplazó Mariana.
Pobre Mariana...
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