La semana pasada los inquilinos se la pasaron durmiendo hasta las tres de la tarde, y luego merodearon como sonámbulos, por lo que poco y nada tengo para contar de la semana pasada. Pero esta semana vinieron una pianista de Mendoza y un abogado de San Juan.
La mujer, de unos cuarenta y cortos, había pasado los últimos veinte años fuera de la provincia, y volvía para reencontrarse con sus ex compañeros de secundaria. El detalle fue que trajo el auto, y había otro entre su vehículo y la puerta del garage. Como es estrecho, no podía salir ni soñando por el costado, así que llamé al chico que estaba antes (la mujer dijo que era de él), pero me dijo que ese auto no era suyo. Fui a ver al sanjuanino, quien estaba acostado pero despierto, y me dijo que tempoco era de él. Estaba empezando a desesperarme cuando llegó Silvia, quien sacó el auto (era de ella, al final) y la pianista siguió su rumbo.
En cambio, el abogado se tomó su tiempo. Tomó la portátil y se instaló en la mesa donde servimos el desayuno, con una taza de café con leche en una mano y el ratón en la otra. Le ofrecí la Pc con internet, peor él rehusó y se puso a revisar su correo en su computadora. Se quedó ahí por horas, sin decir palabra, por lo que aproveché para poner orden en el hostel. Este muchacho se iba a la mañana, por lo que sólo tuve que ordenar una cama de un dormi y la de la habitación de la pianista. Incluso tomándome mi tiempo y barriendo un poco las hojas del patio, demoré poco, por lo que revisé los baños y el hostel en general.
El resto del día transcurrió tranquilo, y cuando llegó mi hora de salida Silvia me puso frente a uno de mis mayores miedos.
Una de las cosas que siempre temí fue el hacer tan mal algo en un trabajo que me hiciese mala fama y me despidieran, o me redujesen el sueldo, lo cual es un detalle menor si lo comparo con la mala fama que me haría. Pero Silvia me aumentó el sueldo, así que me fui tranquila a casa.
Un miedo menos, por ahora.
domingo, 30 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
Fiesta de disfraces
Si pensé que el fin de semana con los cordobeses y porteños del asado con papas fritas iba a ser el más ocupado, me equivoqué de medio a medio.
Hoy a la noche se celebra uno de los eventosm más importantes de la ciudad: la fiesta de disfraces. El Hostel estaba colmado al punto que tuvimos que poner colchones en el piso porque la gente no se quería ir. Rechazamos gente a diesta y siniestra, porque no había más lugar, y estuve todo el día yendo y viniendo atendiendo pedidos y arreglando habitaciones.
Una de ellas fue el dormi de varones.
Despacio, fui y tendí las dos camas, preguntándome qué pensaríaan una docena de muchachos al ver a una chica tender una cama en su misma habitación. Mi nerviosismo disminuyó al ver, sobre una de las mesas, una planchita para el pelo. Sólo las mujeres las usan. Confirmé mis sospechas al llegar Silvia, quien me dijo que todo el dormi de hombres estaba ocupado por mujeres.
El grupo era de jóvenes de no más de veintilargos; ingenierons en sistemas, actores de teatro (lo reconocí enseguida), estudiantes universitarios, deportistas, trabajadores y un larguísimo etc., vinieron para la fiesta. Como la mayoría se despertó a las dos de la tarde (algunos incluso volvieron de bailar, tomaron el desayuno y se fueron a dormir) se hizo una campaña para organizarse y usar la cocina por turnos. Los más jóvenes no le dieron tantas vueltas, se compraron pan de panchos y salchicas y se llenaron la panza con torres de panchos. Cuando me llegó el fin de turno, toda la sala común estaba llena al punto que no había asiento libre, y los helados volaron.
Y eso que es invierno.
Hoy a la noche se celebra uno de los eventosm más importantes de la ciudad: la fiesta de disfraces. El Hostel estaba colmado al punto que tuvimos que poner colchones en el piso porque la gente no se quería ir. Rechazamos gente a diesta y siniestra, porque no había más lugar, y estuve todo el día yendo y viniendo atendiendo pedidos y arreglando habitaciones.
Una de ellas fue el dormi de varones.
Despacio, fui y tendí las dos camas, preguntándome qué pensaríaan una docena de muchachos al ver a una chica tender una cama en su misma habitación. Mi nerviosismo disminuyó al ver, sobre una de las mesas, una planchita para el pelo. Sólo las mujeres las usan. Confirmé mis sospechas al llegar Silvia, quien me dijo que todo el dormi de hombres estaba ocupado por mujeres.
El grupo era de jóvenes de no más de veintilargos; ingenierons en sistemas, actores de teatro (lo reconocí enseguida), estudiantes universitarios, deportistas, trabajadores y un larguísimo etc., vinieron para la fiesta. Como la mayoría se despertó a las dos de la tarde (algunos incluso volvieron de bailar, tomaron el desayuno y se fueron a dormir) se hizo una campaña para organizarse y usar la cocina por turnos. Los más jóvenes no le dieron tantas vueltas, se compraron pan de panchos y salchicas y se llenaron la panza con torres de panchos. Cuando me llegó el fin de turno, toda la sala común estaba llena al punto que no había asiento libre, y los helados volaron.
Y eso que es invierno.
domingo, 2 de agosto de 2009
Noche costera
Lo que más me gusta de mi trabajo es que se pueden ver muchas personas diferentes, hablar en otros idiomas y, sobre todo, escucharlos. Hoy, por ejemplo, estaban bajo un mismo techo una pareja de fumadores empedernidos, un abogado divorciándose, un DJ de una provincia vecina y dos muchachos ingleses.
La pareja y el abogado se levantaron antes de las diez, les serví el desayuno y, como se retiraban esa mañana, les hice los recibos y les cobré lo que debían. El abogado era de la Ciudad del Río, mientras que la pareja eran artesanos cordobeses; pero me llamó la atención que tuviesesn la llave de la habitación 5 en vez de la habitación 4, en la que se habían alojado.
Al llegar a la habitación 5, noté que parecía no haber sido tocada. Sospechando, fui a la habitación 4, y apenas abrí diez centímetros la puerta supe que esa era su habitación.
Apestaba a cigarrillo.
Tenemos un cenicero gigante en el hostel, uno que siempre está en la mesa del solar, fuera del edificio. Esta pareja lo había agarrado y se había fumado un paquete entero de cigarrillos, pese a que una de las reglas del hostel es la de no fumar en lugares cerrdos (como las habitaciones, privadas o no) Abrí la ventana y la puerta de la habitación, sin importarme el frío del invierno, y dejé que el aire corriese mientras arreglaba la habitación.
Cuatro horas después, aún no se había ido el olor.
Las siguientes horas fueorn tranquilas: el DJ terminó levantándose a las dos de la tarde, y como estaba medio dormido le serví una taza de café caliente. Me comentó que había venido invitado a un evento en el que había batalla de DJs, pero que cuando se iba para su alojamiento los organizadores le dijeron que se habían olvidadod e reservarle un lugar. Así que llegó a las siete de la mañana al Hostel del Río, donde teníamos lugares disponibles, y durmió como un tronco. Poco después que se levantase, llegó una muchacha que, lo supe enseguida, venía a buscarlo. Su aspecto gritaba "vida nocturna" de lejos: tenía aros de plástico fosforescente, anteojos de sol fosforescentes, collar de cuentas de colores brillantes, remera con brillo y pantalones ajustados.
Casi al final de mi turno se levantaorn los ingleses. Fue una suerte, ya que llegué a pensar que se habían muerto (no daban señales de vida). El DJ (de veinticortos) dijo que estaban vivos, o al menos lo habían estado hasta que se fue del dormi. Fue muy agradable ver la deliciosa vista de una espalda masculina inglesa desnuda tras la ventana al lado de la PC, donde estaba sentada. Me alegré que hubiese dos baños del lado de afuera. Los ingleses no hablaban español muy bien, por lo que nos comunicamos en su idioma natal y se fueorn enseguida.
A ver qué me espera la semana que viene.
La pareja y el abogado se levantaron antes de las diez, les serví el desayuno y, como se retiraban esa mañana, les hice los recibos y les cobré lo que debían. El abogado era de la Ciudad del Río, mientras que la pareja eran artesanos cordobeses; pero me llamó la atención que tuviesesn la llave de la habitación 5 en vez de la habitación 4, en la que se habían alojado.
Al llegar a la habitación 5, noté que parecía no haber sido tocada. Sospechando, fui a la habitación 4, y apenas abrí diez centímetros la puerta supe que esa era su habitación.
Apestaba a cigarrillo.
Tenemos un cenicero gigante en el hostel, uno que siempre está en la mesa del solar, fuera del edificio. Esta pareja lo había agarrado y se había fumado un paquete entero de cigarrillos, pese a que una de las reglas del hostel es la de no fumar en lugares cerrdos (como las habitaciones, privadas o no) Abrí la ventana y la puerta de la habitación, sin importarme el frío del invierno, y dejé que el aire corriese mientras arreglaba la habitación.
Cuatro horas después, aún no se había ido el olor.
Las siguientes horas fueorn tranquilas: el DJ terminó levantándose a las dos de la tarde, y como estaba medio dormido le serví una taza de café caliente. Me comentó que había venido invitado a un evento en el que había batalla de DJs, pero que cuando se iba para su alojamiento los organizadores le dijeron que se habían olvidadod e reservarle un lugar. Así que llegó a las siete de la mañana al Hostel del Río, donde teníamos lugares disponibles, y durmió como un tronco. Poco después que se levantase, llegó una muchacha que, lo supe enseguida, venía a buscarlo. Su aspecto gritaba "vida nocturna" de lejos: tenía aros de plástico fosforescente, anteojos de sol fosforescentes, collar de cuentas de colores brillantes, remera con brillo y pantalones ajustados.
Casi al final de mi turno se levantaorn los ingleses. Fue una suerte, ya que llegué a pensar que se habían muerto (no daban señales de vida). El DJ (de veinticortos) dijo que estaban vivos, o al menos lo habían estado hasta que se fue del dormi. Fue muy agradable ver la deliciosa vista de una espalda masculina inglesa desnuda tras la ventana al lado de la PC, donde estaba sentada. Me alegré que hubiese dos baños del lado de afuera. Los ingleses no hablaban español muy bien, por lo que nos comunicamos en su idioma natal y se fueorn enseguida.
A ver qué me espera la semana que viene.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)