domingo, 16 de agosto de 2009

Fiesta de disfraces

Si pensé que el fin de semana con los cordobeses y porteños del asado con papas fritas iba a ser el más ocupado, me equivoqué de medio a medio.
Hoy a la noche se celebra uno de los eventosm más importantes de la ciudad: la fiesta de disfraces. El Hostel estaba colmado al punto que tuvimos que poner colchones en el piso porque la gente no se quería ir. Rechazamos gente a diesta y siniestra, porque no había más lugar, y estuve todo el día yendo y viniendo atendiendo pedidos y arreglando habitaciones.
Una de ellas fue el dormi de varones.
Despacio, fui y tendí las dos camas, preguntándome qué pensaríaan una docena de muchachos al ver a una chica tender una cama en su misma habitación. Mi nerviosismo disminuyó al ver, sobre una de las mesas, una planchita para el pelo. Sólo las mujeres las usan. Confirmé mis sospechas al llegar Silvia, quien me dijo que todo el dormi de hombres estaba ocupado por mujeres.
El grupo era de jóvenes de no más de veintilargos; ingenierons en sistemas, actores de teatro (lo reconocí enseguida), estudiantes universitarios, deportistas, trabajadores y un larguísimo etc., vinieron para la fiesta. Como la mayoría se despertó a las dos de la tarde (algunos incluso volvieron de bailar, tomaron el desayuno y se fueron a dormir) se hizo una campaña para organizarse y usar la cocina por turnos. Los más jóvenes no le dieron tantas vueltas, se compraron pan de panchos y salchicas y se llenaron la panza con torres de panchos. Cuando me llegó el fin de turno, toda la sala común estaba llena al punto que no había asiento libre, y los helados volaron.
Y eso que es invierno.

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