domingo, 14 de junio de 2009

Nueve chicas españolas y un español

En los noventa y, en especial, después de la crisis del 2001, España fue unos de los destinos más codiciados por aquellos argentinos que buscaban un mejor futuro en otros países. Y si bien estoy lejos de ser de esa clase de personas, siempre me causó curiosidad el cómo era la gente de otros países, por ejemplo, España.
La semana pasada no tuvo nada en especial, por lo que no valía la pena una entrada: al ser fin de semana largo, la mayoría de los inquilimos durmieron toda la mañana y se despertaron a la tarde. Esta vez pasó lo mismo, pero condimentado por otras cositas.
Para empezar, como había gente que no salió de parranda, tuvimos que servir el desayuno varias veces. Y fue al abrir la heladera que Silvia (quien siempre viene a echar una mano para hacer el desayuno) se llevó una desagradable sorpresa. Y no es que esperáramos una heladera ordenada, con diez chicas (un chico incluido) españolas, ninguna mayor de veinticinco, pero hay ciertas reglas en los hosteles que hay que cumplir.
Como, por ejemplo, no consumir lo que no es tuyo.
La leche, la margarina y la mermelada son propiedad del hostel, ya que nosotras las compramos y con eso hacemos el desayuno, pero alguien había dispuesto de la leche como propia. Al descubrir un paquete de cacao en polvo en las estanterías donde se ponen los alimentos no perecederos, descubrimos parte del misterio. Así que, después de preparar el desayuno, Silvia guardó la leche en la heladera con candado, donde guardamos todos los alimentos para vender que tenemos en el hostel. Duro pero justo.
Luego del desayuno (en el que Silvia fue a comprar corriendo lo que faltaba) empezamos a limpiar la heladera: había unos puñados de arroz y fideos en boles grandísimos (quizás para no tener que lavarlos) que ya tenían una semana y pico.
Ah, las españolas se levantaron a las tres de la tarde, y llamaron por teléfono a Pedro, quien las había invitado a un partido de fútbol. Pero como no llegaba, las chicas lo llamaron, y ahí se enteraron de lo que pasó: al aprecer, la noche anterior había salidod e fiesta, y seis borrachos lo agarraron a trompadas y patadas. Terminó en el hospital con diez puntos en la cabeza, pero al menos está estable.

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