domingo, 21 de febrero de 2010

Las invasiones inglesas

Lo bueno de trabajar en un Hostel, además de la gran diversidad de gente con la que se interactúa, es la edad de quienes se alojan. La mayoría, a excepción de familias, son jóvenes que no pasan de treinta y pocos años, como mucho. Es un deleite para la vista ver tantas personas jóvenes interactuando en espacios comunes, siendo la más clásica de todas la mesa del desayuno.
Hoy había dieciocho personas en el Hostel del Río, seis de los cuales eran ingleses. Altos, jovencitos y agradables a la vista, hablaban poco y nada de castellano, por lo que les tuve que hablar en todo momento en inglés. Eran delgados y tenían un acento encantador.
El resto de los inquilinos eran argentinos; una mezcla de tucumanos, jujeños, un grupo de chicas santafesinas y una pareja de la Ciudad del Río. El que más destacaba era el señor de Tucumán, bajo, algo regordete, de pelo y ojos negros y piel algo oscura, como el café cuando se le pone una cucharadita de leche. Tenía algo en su acento que no pude distinguir, y como el resto de las demás personas que se alojaban en el Hostel, se retiraron a la hora del almuerzo y no volvieorn en toda la tarde.
Seba llegó tarde otra vez. Y otra ves le cobré el tiempo.
Espero que la próxima semana lo haga mejor.

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