martes, 28 de julio de 2009

Ninjas cordobeses

Desde mucho antes de empezar a trabajar, una de mis mayores inquietudes era el cometer un error grave. Uno que no sólo causara daño a quien me empleaba, sino que fuese una mancha que duraría para el resto de mi carrera laboral.
Eso me pasó el domingo.
Me dio tanta vergüenza que sólo ahora puedo sentarme y escribirlo, porque no fue una sola cosa, sino dos, y de las gordas.
La mañana prometía un buen día: cuatro franceses y una alemana se alojaban en los dormis, por lo que me deleité escuchándolos en su idioma natal. Los cuatro franceses se iban esa mañana, y cuando llegué, uno de ellos se estaba dando una ducha. Su habitación, lejos de lo que se pudiese pensar sin concer bien su cultura, olía a colonia y estaba tan limpia que parecía casi recién barrida. La alemana, que se alojaba el el dormi de mujeres, era una señora entrada en sus cuarenta y largos, amable y tranquila. Desayunó con cuatro tazas de café con leche y salió a comprar su almuerzo al supermercado que tenemos cerca. Sólo quedaban en el hostel un par de chicos de Córdoba de veinticortos, un hombre mayor porteño con sus hijos adolescentes y un par de docentes mendocinas, cada grupo en una habitación privada. Los cordobeses salieron poco después de las diez de la mañana.
Y no volvieron.
En ese momento no sabía lo que había pasado, y no tuve tiempo para averiguarlo entonces, ya que me llamaron dos personas que preguntaron si había habitaciones dobles libres. No sé por qué extraño motivo les dije que sí, sin consultar la planilla. Y ese fue el primer gran error.
Cuando llegaron, los guié hasta la primera habitación, pero al abrirla me di cuenta que estaba ocupada por las mendocinas, quienes habían salido poco antes. Avergonzada, les pedí disculpas a la pareja (que estaba en los cuarenta y tantos) y los llevé a la otra habitación, que no sólo estaba ocupada sino que estaba la pareja adentro, acostados en la cama. Sin poder mirar a la cara a los recién llegados, le pedí mil disculpas y les dije que la habitación que quedaba no estaba lista, ya que los acupantes anteriores se acababan de ir (el padre con sus dos hjios se había retirado cinco minutos antes). La mujer me preguntó cuándo podrían volver, y yo les dije que en una media hora la habitción estaría lista.
No volvieron.
Avergonzadísima, les pedí disculpas a la pareja de la habitación que había abierto sin su permiso. Se rieron y se olvidaron del tema enseguida, pero yo sabía que la pareja de cuarenta y tantos no iba a volver. Suspirando, decidí cumplir con mis deberes en la habitación de los cordobeses, y allí me llevé la segunda gran sorpresa del día.
No estaba su equipaje.
Habían tomado una de las habitaciones más caras, la de más arriba y con la mejor vista. Me habían dejado la llave, como correspondía cada vez que salían, pero como no llevaban su equipaje a cuestas, pensé que volverían. Pero no me llamó la atención que primero saliese uno de ellos y, después, el otro. Según me comentó Silvia, una de las vecinas de enfrente había llamado para avisarle que estaban tirando mochilas por la ventana.
El monto total, entre la habitación, las toallas y lo que habían comsunido de la heladera, ascendía a más de trescientos pesos. Se habían escapado como ninjas; silenciosos y efectivos, cuando nos dimos cuenta de lo que había pasado, era tarde y ya estaban lejos. Me sentí tan mortificada que pensé que ese iba a ser mi último día en el hostel.
Silvia comprendió.
Nunca había visto semejante despliegue, y avisó a otros hosteles locales y en ciudades cercanas. Y resultó que no era la primera vez que pasaba.
Al menos, el mal trago ya pasó.

1 comentario:

  1. No son errores tan grandes... el de la pareja... bueno, si yo te contara...

    Y lo de los "ninjas"... bueno, picaresca, cuando escasea la pasta... Joder, imaginate como se siente una dependienta que no puede hacer nada cuando, nada mas hechar el cierre, se estrella un coche contra el escaparate y se lo lleva TODO... pues mal... "no subi los pitotes de seguridad""no tal""no pascual"...

    A mi me ocurrio que le cobre una factura por tarjeta a un cliente... con la tarjeta de otro cliente!, casi me muero.

    En esas situaciones solo te dices lo que no hiciste... Y a veces, simplemente, los errores, ocurren. No podemos controlarlo todo, no podemos estar a todo... Dejale a dios la omnipresencia y otros trucos de magia ^^

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