Hoy salí al mediodía, en vez de a las cuatro de la tarde, ya que Silvia iba a festejar el día de la Madre en el Hostel del Río e iba a usar la parrilla. Vino a las ocho de la mañana, cuando estábamos haciendo la caja y el inventario, y ayudó a preparar el desayuno.
Había seis chicas de Rosario en el dormi de mujeres, y todas se despertaron a tiempo para desayunar. De veintimedios a veintilargos, las chcias demostraorn que no sólo los varones de su ciudad pueden tirar flores, aunque ellas se limitaban a palabras amables en vez de intentos sutiles de conquista. O, quizás, no tuvieron buenas experiencias antes en otras hospederías. Se fueron después del desayuno, y dejaron sus bolsos en el garage, junto con las bicicletas que alquilamos (y que nunca supe que alguien alquilase alguna), los cajones de botellas de cerveza y cachivaches varios, ya que su colectivo salía a las seis de la tarde.
Eran de formas variadas: una rubia tenía la cara larga y me hizo acordar a un caballo, además de parecerse mucho a una ex-compañera de escuela de un grado superior. Otra, de pelo corto, negro y de aspecto algo aniñado, habría estado en sua mbiente con un vestido de lolita gótica. Y una tercera era muda, así que tuve que pedirle que me señalase lo que quería desayunar.
También habían venido una familia compuesta por los padres y los tres hijos (una joven, un adoelscente prematuro y una nena) que se habían repartido en dos habitaciones. Cuando fui a ponerlas en condiciones, me di cuenta que no había fundas para el colchón de la más grande (del tamaño King), así que le puse el cubrecama y volví sin tenderla, avisándole a Silvia lo que había pasado.
En el medio del desayuno, Silvia me contó de lo que me perdí la semana anterior. Al parecer, habían venido dos delegaciones de jugadores de volei, quienes habían reservado casi todo el Hostel del Rio. En principio vino una tanda, y luego la otra, y el primer día (viernes) pasó sin problemas, pese a que ya le habían avisado desde la asociación hotelera (o una entidad con nombre similar) le habían advertido que este equipo porteño tenía fama de causar problemas.
Y los problemas no tardaron en llegar.
Cuando amaneció el sábado, los equipos tenían un partido en un club que estaba algo lejos, por lo que se iban a ir en combi. En ese momento estaba Silvia, quien, si bien no tiene memoria fotográfica, sabe bien quiénes están alojados y quiénes no en el Hostel. Mientras servía el desayuno, apareció sentada a la mesa una mujer con una nena de unos tres años, que se asustó al ver a Silvia. Enseguida notó que ella y la nena no estaba alojados en el Hostel, por lo que no les correspondía el desayuno, y cuando la coordinadora vino a reclamar, Silvia le preguntó cuántas personas venían en total. La coordinadora fue vaga, pero Silvia puso ene videncia que habían dejado entrar a personas ajenas al Hostel, para las cuales no había lugar ni drecho de usar las instalaciones. La coordinadora no sólo lo negó, sino que se ofendió y dijo que no correspondía pagar más de lo que ya había pagado (cuando se hace una reserva, se adelanta la mitad) Dejaorn los bolsos en el garage y se fueron. Silvia les retuvo el equipaje hasta que pagaron lo que debían, y se fueron bufando a sus maridos, contándole la historia desde su punto de vista.
Al parecer, pretendían irse sin pagar por la mujer, la nena y otra persona más que se había colado. Y no era un equipo de adolescentes quienes hicieron esto, sino mujeres de cuarenta y más años, algunas de ellas con sus hijos alojados en el mismo Hostel del Río. Eso fue lo que más me sorprendió, más que nada porque le estaban dando un terrible ejemplo a sus hijos. La Diosa quiera que encuentren mejores antes que sea demasiado tarde.
domingo, 18 de octubre de 2009
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