Este sábado fue bastante más movido que el viernes.
Para empezar, vino una alemana que estudia español. Rubia y con acento característico, dijo que prefería hablar en castellano, cuando le dije en inglés que podía hablarle en esa lengua. Tuve que servirle el desayuno en la mesa del solar, ya que estaban limpiando el piso adentro y la muchacha estaba muy por sobre la hora. De veintimedios años, la alemana era simpática y salió poco después de desayunar, contenta que le hubiese confesado que, excepto por algún que otro detalle menor y el acento, hablaba el castellano a la perfección.
Entonces empezaron a salir los demás huéspedes. Un muchacho de Neuquén buscaba alojamiento en la ciudad, pero le aconsejé una localida cercana, a la que se podía llegar en colectivo urbano. Al parecer, venía de Neuquén en busca de trabajo de guardavidas, y parecía haber pasaod por mucho en sus treinta años (aunque podría ser más joven y haber pasado por más de lo que pensé)
También había una pareja extraña; ella era una abogada de Córdoba, pero él era un muchacho de Concordia, en el interior de Entre Ríos. El primero en llegar fue él, y le entregué la llave correspondiente a su habitación privada. Después llegó ella, al parecer de un curso para abogados, y ambos se llevaron la comida a la habitación (pese a que no se permite hacerlo, y se lo dije con sutileza) Luego ella se volvió a ir, y el muchacho se fue una hora después.
Poco después se fue la muchacha de "ese lugar". Resultó que había estado sólo un año allí, por lo que aún no había adaptado esas características tan detestables, aún está a tiempo de salvarse. Muestra de ello es que no conocía ni mi apellido ni a mí, por lo que me guardé mis planes y me senté a esperar.
A los cinco minutos llamaron veinte personas para reservar lugar para fin de mes. Va a ser un fin de semana movidito.
sábado, 17 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario