domingo, 8 de noviembre de 2009

Reglas de Hostel

No es lo mismo alojarse en un hotel que en un hostel.
Y no me refiero a diferencia de precios, de servicios, de relaciones entre inquilinos, de baños privados o de tamaño de las habitaciones. Me refiero a cierta cultura implícita en los hosteles, y que se espera que toda persona que se aloje en establecimientos de ese tipo respete.
Por ejemplo, los baños; en los hoteles, por lo general, se tienen baños privados, pero en un hostel se comparten. Eso quiere decir que, si hay varios inquilinos, no tenés derecho a quedarte tres horas en el baño. Otro ejemplo es la heladera: todos los inquilinos ponen sus alimentos perecederos allí, por lo que se espera que el resto respete las pertenencias de los demás.
Cuando llegué al Hostel del Río, con todas las plazas ocupadas, se estaban alojando allí un grupo de rugbiers cordobeses, un chica colombiana, y un grupo de viaje uruguayo. Los deportistes (todos de treinta y cortos) se despertaron muy sobre la hora, y de los diez que eran, sólo alcanzaron a desayunar tres. Luego, al despertarse cerca de las diez y media, preguntaron si no podía hacerles el desayuno, incluso después de que les habíamos dicho que era hasta las diez de la mañana. Enseguida se hizo evidente que estaban en plan de levante, ya que era la chica más joven (en edad legal) de todas las que estaban bajo el techo del hostel. En un momento, uno de los rugbiers me pregunta qué es un "locker", y le expliqué que son los casilleros donde los huéspedes pueden poner sus pertenencias bajo candado, si quieren. Debí sospechar de inmediato cuando me preguntó si la heladera era un "locker", a lo que le contesté que el respetar las cosas de los demás estaba en la buena voluntad de cada quien, pero como estaba demasiado ocupada ordenando, limpiando y sirviendo, no le di importancia.
El grupo de uruguayos, en cambio, se portó tan bien como siempre. Eran parejas jóvenes con hijos pequeños, pero no hubo ni un llanto, aunque hubo algo de caos cuando estaban los padres calentando mamaderas mientras preparábamos el desayuno (Silvia es una inestimable ayuda cuando tenemos que hacer el desayuno con el hostel lleno), pero nada más. Me pregunté si la colombiana ya había bajado, cuando vi descender por las escaleras a una hermosa morena. Le dije que estábamos sirviendo el desayuno (como los uruguayos, había bajado a horario) y le pregunté que prefería (té, café, mate cocido). Además de tener la piel color chocolate puro con un toque de negro ónice, tenía el pelo negro atado en trencitas, y una vincha de tela mantenía su pelo alejado de su cara. Usaba ropa suelta y cómoda, y al terminar de desayunar fue a lavar su taza, como casi todos los miembros del grupo uruguayo.
Al mediodía se habían ido casi todos, salvo un par de chicas que estaban en una de las habitaciones privadas. Con todo el trabajo que había que hacer, sólo pude sentarme a comer a la una y media, y fue allí cuando descubrí lo que había pasado. No fue mala idea haber llevado ensalada de frutas como postre, pero sí lo fue el llevarla ese día. Porque cuando abrí al heladera, tanto el mini-tupper como la ensalada de frutas habían desaparecido.
Me sentí tan indignada que le mandé un mensaje de texto a Silvia, informándole del agravio. Cuando terminé de comer, tuve que conformarme con algunos caramelos que tenía en mi bolso, y luego volví a revisar habitaciones y baños (el dormi donde estaban los rugbiers cordobeses estaba hecho un asco, ya que habían llevado bebidas a la habitación -que está prohibido- y habían volcado mucho en el piso, por lo que tuvimos que limpiar el piso además de barrerlo). Cuando pensé que no iba a venir nadie más, llegó una muchacha que había dicho (a la mañana, por teléfono) que iba a llegar a la siesta. Le mostré el dormi y le dije que eligiese la cama que más le gustase, ya que no había nadie más en el dormi de mujeres en ese momento.No aguanté y le conté lo del robo de la ensalada de frutas, y la chica me dijo que, sin duda, esos tipos no tenían el mas mínimo respeto por la cultura de los hosteles.
Me gustaría que viniese, para variar, un grupo de cordobeses honesto.

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