Cuando me enteré que en el Hostel del río se alojaban un equipo de hockey femenino cordobés, pensé que no iba a ser tan malo. Después de todo, me dije, las chicas siempre causan menos desastre, equipo de deporte o no.
Ver a diez chicas haciendo cola para usar tres baños ya no es nuevo para mí, en especial desde que tomé este trabajo. Como tampoco me sorprendió que dejasen los baños secos y con olor a champú del bueno (cordobesas o no, eran mujeres) Lo que sí me sorprendió fue ver la inmensa cantidad de barras de cereal que habían consumido dentro del dormi (no se puede comer, tomar o fumar en las habitaciones) Incluso había envases de barras de cereal en el cenicero del solar, y hasta un par de barras en sus paquetes, sin tocar.
Por fortuna se fueron rápido, y pude dejar presentable el dormi antes de almorzar. La sobredosis de trabajo en la mañana se compensó con la absoluta calma de la tarde; sólo a las tres y media se despertaron los otros dos inquilinos que vi, un padre rosarino y su hijo ídem.
Los rosarinos son ideales para cualquier chica que quiera levantarse el ánimo (no sé si pasara lo mismo con las mujeres, o con los homosexuales de Rosario), y este hombre no fue la excepción. Munido de lo que parecía un disfraz en una bolsa con percha incluida, y un sombrero hecho de gomaespuma, me levantó en dos minutos el ánimo que venía medio a la baja por el cordobazo de barras de cereal.
Creo que un día de estos me voy de visita a Rosario.
domingo, 13 de diciembre de 2009
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