domingo, 6 de diciembre de 2009

Sexteto porteño

Desde que empecé a trabajar, derrumbé varios mitos con respecto a ciertas personas, ya fuese por su procedencia o preferencia. Y hoy no fue la excepción.
Teníamos veinte personas y sólo dos se iban a quedar, lo que quería decir más de medio Hostel para arreglar. Lo bueno fue que se despertaron a distintas horas, por lo que no tuve que hacer todo el trabajo al mismo tiempo. Y sabía que había un francés, ya que había revisado las fichas para asegurarme quién se iba y a quiénes les tenía que cobrar. Como estaba acostumbrada a gente europea del tipo que te alegra la vista, sufrí una dosis de realidad al ver a este muchacho.
En principio pensé que no podía ser, ya que parecía más un artesano argentino con pinta hippie que otra cosa, con barba y bigote incluidas, y rastas casi hasta la cintura. Pero el acento lo delató. Según me enteré en las idas y vueltas que hice mientras arreglaba el Hostel, vivía del seguro de desempleo, y cada tanto iba a buscar trabajo, trabajaba unos días y después se iba, para seguir viviendo del seguro. Si no fuese por el acento, sólo por eso, diría que es de esos argentinos vagos que hacen que los que de verdad trabajamos o estudiamos quisiéramos darles un sopapo en la nuca.
Pero una encantadora sorpresa fueron seis porteños.
A primera vista, no tenían casi nada en común, salvo que todos eran hombres mayores de treinta. Eran seis hombres extraños; parecían de diversas partes del país, o hasta del mundo. Pasaré a describir cómo eran:
-Varón A: bajito, pasado de peso, pelo negro corto enrulado, con dos dientes sobresaliéndole del labio superior. Parecía un topo simpático en sus simples remera blanca y vaqueros.
-Varón B: alto, atlético, de pelo negro, pintón y deportista (había traído una raqueta de tenis y dos tubos de pelotas, uno de ellos premium). No desentonaría en una revista de cantantes latinos románticos, en especial porque tenía la camisa negra arremangada y los dos primeros botones desabrochados.
-Varón C: alto, algo pasado de peso, rubio, con ropa beige, bebedor de cerveza y callado. Nada más puedo decir de él.
-Varón D: pasado de peso, pelo castaño, camisa normal y pantalón de vestir. Parecía uno de esos profesionales (médico, abogado, ingeniero, etc.) ya asentados en su profesión como alguien de confianza.
-Varón E: tenía la cabeza afeitada pero se notaba que estaba quedándose pelado. No dejó de sonreír en ningún momento, y por cómo modulaba la voz parecía ser locutor o periodista.
-Varón F: de lejos parecía patovica o bañero, y la musculosa y el short que usaba pareciaron darme la razón. Los comentarios que oí también.
Cuando se despertaron y pasé a hacerle la boleta, el Varón B, según dijeron los otros, contador, pasó a pagar lo que debían, y me dijo que guardase el cambio. Mientras abría el portón para que sacasen los dos autos en los que habían venido, el Varón D me preguntó si era hija de árabes (soy nieta). Luego, el Varón E me preguntó si era periodista o algo similar, porque parecía una intelectual. Casi pensé que eran rosarinos, por las flores indirectas que me tiraban. Y lo que más me hizo reír fue que el Varón F me decía María todo el tiempo, pese a que les dije que me llamaba Alicia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario