A veces, me encuentro en el Hostel del Río con personas y personajes raros, de esos que hacen que ir a trabajar los domingos a la mañana valga la pena. Otras veces, me encuentro con personas comunes, de esas que veo todos los días. Y también están las otras, que no son ni tan tan ni muy muy, como una abuela con sus dos nietas.
Resulta que había seis personas en el Hostel, y todas tenían planeado quedarse unos días más, por lo que no tuve que hacer ninguna cama. Pocos bajaron a desayunar, y se fueron después de las once de la mañana para desaparecer hasta las cuatro menos diez. Pero había una mujer mayor con dos nenas, con demasiada diferencia de edad para que fuesen madre e hijas.
La abuela se tomó un café y las nenas tomaron sólo leche, por lo que tuve poco que arreglar cuando llegaron las diez. Después salieron al centro (como el resto de los inquilinos) y me quedé sola en el Hostel hasta las dos de la tarde, cuando volvió el trío. Las nenas empezaron a hacer ruido, y les dije que no había nadie más en el Hostel, así que no había problema. Cinco minutos después, se cansaron de los chifles y se pusieron a ver la televisión. A los quince minutos ya estaba comiendo unos ravioles que su abuela había preparado. A la media hora estaban lavando los platos. A la hora se habían vuelto a ir, probablemente a la heladería.
A las cuatro vino mi reemplazo y me fui a casa.
domingo, 10 de enero de 2010
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