domingo, 24 de enero de 2010

Educando al muchachito

Cuatro y cuarto de la tarde.
Yo, al teléfono -Hola, Seba, ¿te falta mucho para llegar?
Seba -No, ya llego-
Yo -¿Te acordás lo que te dije la semana pasada?
Seba -No-
Yo -Que si volvías a llegar tarde iba a cobrar de tu sueldo el tiempo extra que yo estuviese trabajando por tu tardanza-
Seba -Ah, sí, bueno, ya llego-
Cuatro y media.
Yo, al teléfono -Hola, ¿Silvia? Disculpá que te moleste. Resulta que Seba volvió a llegar tarde, y le dije que iba a cobrar de su sueldo el tiempo extra que yo tuviese que trabajar por eso. ¿Vos estás de acuerdo? Bien. Lo voy a hacer ahora. ¿Te parece bien? Bárbaro.Nos vemos después, Silvia-
Al minuto llegó Seba.
Seba, sonriendo -Disculpá la tardanza, es que tenía que hacer unos trámites-
Yo -¿Un domingo a la siesta?
Seba, sonriendo -Sí-
Yo -Mirá, entiendo que tengas una vida más allá del trabajo, y espero que entiendas que yo también la tengo-
Seba, sonriendo -Sí, sí, perdón-
Yo -En esa media hora que demoraste, yo ya podría estar en casa, haciendo un montón de cosas que tengo que hacer, y no pude porque, por segunda vez, llegaste tarde-
Seba -Sí, perdoná-
Yo -Llamé a Silvia y ella está de acuerdo en que cobre de tu sueldo lo que demoraste en venir-
Seba -Uy, sí, ya te pago-
Yo -No. Voy a sacarlo de la caja y voy a anotar por qué lo saqué-
Seba -¡Pero mirá, acá te pago!-
Yo -No. Quiero que quede asentado, y Silvia está al tanto de por qué. Así que decime, ¿cuántas horas trabajás? ¿Cuánto te pagan por eso?-
A Seba se le apagó la sonrisa, y me dijo cuánto y por cuántas horas le pagaban.
Debo confesar que nuca antes pensé que unos pocos pesos pudiesen ser tan dulces.

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