domingo, 17 de enero de 2010

Chicas y chicos

Una piel oscura está mejor adaptada a los climas cálidos, y una piel mas pálida esta mejor adaptada a climas fríos. Y la inmigración existe. Si bien sé esto desde hace años, hasta el día de la fecha no he visto a nadie que venga de un país nórdico que no sea blanco y de ojos claros, y más de la mitad tiene pelo rubio.
¿Es que en Suiza no hay extranjeros? No es que me queje, es que no comprendo cómo voy a empezar a derribar prejuicios si sólo vienen blancos de ojos claros de países nórdicos. Se aprecia que alegren la vista, claro, pero han venido personas con otros colores de piel que han cumplido en ese aspecto.
O, quizás, los inmigrantes de dichos países no viajen tanto a la Argentina.
Hoy fue un día tranquilo, pese a que había casi veinte inquilinos. Un grupo de chicas cordobesas se fueron a las nueve, después de cambiarse los vestidos de fiesta. A los cinco minutos, amanece un grupo de rosarinos, quienes preguntan por las chicas. Se decepcionaron al saber que se habían ido minutos antes, y fui a arreglar las habitaciones de arriba.
Debo confesar que siento curiosidad por lo que dicen y piensas otras personas. Pero no por eso voy a ponerme a espiarlas. Por lo que no sentí culpa cuando, mientras arreglaba una habitación del piso de arriba, escuché algunas filosóficas conversaciones del grupo de rosarinos, que estaban en el solar de abajo. Que las mujeres, que el fútbol, que el asado de anoche y así.
Después del mediodía, llegaron dos Suizos que hablaban con un acento extraño. Enseguida me llamaron la atención. La mujer era rubia, y el hombre también, pero el último se había rapado la cabeza. Para variar, ambos tenían piel y ojos claros, lo cual no me molestó en lo más mínimo. Hablaban más o menos el castellano, por lo que al final intercambiamos unas frases en inglés y se fueron a su habitación.
El resto del día transcurrió tranquilo, y llegaron las cuatro de la tarde. Y pasaron. Y se hicieron las cuatro y cuarto, y entonces llegó mi reemplazo, con la remera al revés y dada vuelta, diciendo que había perdido el colectivo. Le dije, tranquila, que no era justo que yo trabajase el tiempo que le correspondía a él, y que la próxima yo iba a cobrar de su plata el tiempo que demorase en llegar después de su hora.
Se rió.
De ahora en más va a venir a tiempo.

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